
No todos pedimos a Dios aquellos dones que hemos recibido. Algunos que piden desconocen si recibirán. No se trata de intentar manipular a quien es todo soberano para cumplir nuestras aspiraciones en abundancia o preferencia. Se trata de disfrutar lo mucho o poco recibido y de ansiar recibir más si en ese proceso no se corrompe lo bueno que nos queda. El misterio de quienes ríen, el misterio de quienes lloran y de cuando cambiará la suerte, es probable que siga siendo desconocido. Es disfrutar la gracia inmerecida todos los días lo que desea la soberania divina que comprendamos.
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